Un mito sobre la fotografía periodística

Las imágenes al igual que los textos escritos tienen caracter de subjetivo, en tanto que son dependientes de un eje espacio-temporal que sirva de referencia para producir la fotografía. Creer que una imagen reproducida en un diario, o cualquier otro medio de comunicación con fines informativos, es una “captura de la realidad” es dejar de lado el proceso que constituye que esa imagen llegue hasta nuestros ojos: un sujeto que decidió premeditadamente desde qué ángulo tomaría la escena, qué momento del hecho deseaba retratar para luego seleccionar entre varias imágenes cuál o cuáles debía mostrar a su editor y este, a su vez, seleccionó “la  más adecuada” para acompañar al texto. Es decir, el espectador no pudo haber visto cualquier imagen, sino una precisa, la que el medio seleccionó para ser vista.

Las imágenes […] constituyen un símbolo con respecto a los objetos, pues nos proporcionan información de ellos; son síntoma de la interioridad del sujeto que la produce; y, fundamentalmente, actúan como señal pues apelan al receptor para provocar una conducta determinada.[1]
Esto se puede ejemplificar mejor con una anécdota. Durante la sexta bienal de fotoperiodismo se dio un gran debate por una de las imágenes premiadas: Alma en la Azotea de Giorgio Vera, pues se puso en duda su originalidad y por tanto su función periodística. Durante el evento un grupo de participantes organizó una protesta para interrumpir la premiación, Enrique Villaseñor, coordinador del certamen, se encontraba frente a los reflectores y varias cámaras buscando un gesto que ejemplificara el momento, la imagen se produjo minutos después: la mano en la frente de Villaseñor daba cuenta de su preocupación frente a la situación. (Imagen 1.1)
Imagen 1.1

Imagen 1.1

El propio Enrique Villaseñor relataría más tarde la verdadera historia de la imagen:
Así, mientras los fotógrafos acechaban con sus cámaras aguardando alguna expresión reveladora, tuve la necesidad de rascar mi ceja para aliviar una pequeña picazón… ¡y la foto llegó irremediablemente! Carlos Aranda de diario Monitor produjo una gráfica que publicó al día siguiente en la que el coordinador del certamen parecía desconsolado.[2]
El sentido común asegura que de todos los sentidos “la vista es el más capacitado para la exactitud y la precisión”[3], esta posición le da a las imágenes primacía sobre los textos en el periodismo, pues pareciera ser que brindan mayor credibilidad a lo relatado, sin embargo, como hemos visto también son partícipes del proceso de interpretación para su construcción y por tanto no pueden ser un reflejo de la realidad.

[1] Marcos Márquez, “Acerca del significado de las imágenes periodísticas” en Espejismos mediáticosEnsayos sobre la construcción de la realidad periodística, Lourdes Romero, (coord.), pp. 45.
[2] Enrique Villaseñor, Ética fotográfica. Ética y fotoperiodismo, Foro Iberoamericano de Fotografía [en línea], URL:http://bit.ly/WXg2J2, [consultado el 3 de diciembre de 2012].
[3] César González, Apuntes acerca de la representación, Instituto de Investigaciones Filológicas, UNAM, México: 2005, p. 5.
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