Mito: La noticia no debe dar lugar a varias interpretaciones

 Pese al trabajo de las empresas de comunicación, el esquema comunicativo no se cierra en el momento en que salen de las rotativas los diarios impresos o el escucha o televidente está recibiendo le mensaje, sino que este público toma un papel importante en la interpretación de tal información. Esta relevancia del lector ya ha sida explicada por Umberto Eco en Lector in Fabula en donde afirma que el autor y el lector trabajan cooperativamente para que este último actualice el texto del primero.

Así, pues, el texto está plagado de espacios en blanco, de intersticios que hay que rellenar; quien lo emitió preveía que se los rellenaría y los dejó en blanco por dos razones. Ante todo, porque un texto es un mecanismo perezoso (o económico) que vive de la plusvalía de sentido que el destinatario introduce en él.[…] En segundo lugar, porque, a medida que pasa la función didáctica a la estética, un texto quiere dejar al lector la iniciativa interpretativa, aunque normalmente desea ser interpretado con un margen suficiente de univocidad.[1]

De esta manera, aunque un texto esté producido con la intención de generar una respuesta específica, el resultado no estará definido hasta que el lector, con su conocimiento y su contexto social, actualice su contenido.

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Esta respuesta que ofrece la interpretación del texto también es la suma de las relaciones que hay en su construcción, dice Barthes que “todo texto es un intertexto”, es decir, que las construcciones discursivas están tejidas a partir de citas de otros textos: la intertextualidad.

La intertextualidad, condición indispensable de todo texto, sea cual sea, no puede reducirse evidentemente a un problema de fuentes o influencias. El intertexto es un campo general de fórmulas anónimas de origen raramente localizable, de citas inconscientes o automáticas que van entre comillas. Epistemológicamente, el concepto de intertexto es el que proporciona a la teoría del texto el espacio de lo social: es la totalidad del lenguaje anterior y contemporáneo invadiendo el texto, no según los senderos de una filiación localizable, de una imitación voluntaria, sino de una diseminación, imagen que, a su vez, asegura al texto, el estatuto de “productividad” y no de simple “reproducción”.[2]

Esta concepción del texto como entidad dinámica amplía la visión del análisis textual para entenderlo en su relación con el autor y el lector. Este último, previsto previamente por el primero, tiene la labor de ‘actualizar’ el texto “que está plagado de espacios en blanco, de intersticios que hay que rellenar […] Ante todo, porque un texto es un mecanismo perezoso (o económico) que vive de la plusvalía de sentido que el destinatario introduce en él”.[3]

Esta múltiple interpretación en el periodismo puede medirse también en los elementos paratextuales, aspectos como las fotografías, los titulares, el tamaño de estos, la localización de textos dentro del impreso y su relación con otras notas dentro de la misma plana, juegan un papel importante en la transmisión de información y por tanto de sentido en la lectura. Genette ya ha puesto sobre la mesa la importancia de estos elementos:

Llamo peritexto editorial a toda esa zona del peritexto que se encuentra bajo responsabilidad directa y principal (pero no exclusiva) del editor, o quizás, de manera más abstracta pero más exacta de la edición.[4]

Aunque el análisis de Gennete en su apartado sobre “el peritexto editorial” es para la elaboración de libros, el simil bien puede hacerse en la construcción de textos periodísticos, aspecto que ha trabajado la doctora Lourdes Romero:

Al igual que las obras literarias, los textos periodísticos, independientemente del soporte que utilicen, no se presentan aislados sino que se acompañan con titulares, cintillos, sumarios, intertítulos e imágenes. También el diseño y el color juegan un papel importante. Todos estos elementos contribuyen en la creación de un espacio visual, fundamental para captar la atención del lector. Por ello, los dueños de los medios periodísticos no escatiman en darle prioridad al espacio que le dedican y al aspecto visual.[5]

En la prensa el reportero, autor del texto, tampoco decide la localización de su escrito en el impreso, las imágenes que lo acompañarán, ni el titular, pues cada encabezado, imagen y espacio ha sido seleccionado en relación con las necesidades del periódico porque estos reflejan su línea editorial. Por ejemplo, no es azaroso que El Universal haya decidido que el asesinato de cuatro estudiantes en Cuernavaca tenga que ser noticia de primera plana cuando murieron el mismo día otras 20 personas en las mismas condiciones, ni que la nota sobre el motín en el penal de Apodaca en Nuevo León donde fueron asesinados 44 reos esté justo arriba de la nota sobre una declaración de Felipe Calderón en la que asegura que el crimen está cediendo. En el primer caso nos preguntamos qué importancia tenían esos cuatro estudiantes y por qué su muerte es más relevante que otras; en el segundo la guía de interpretación está dada, la declaración del entonces presidente de México es infundada porque los hechos (que están sobre él -literalmente-) afirman lo contrario.

Las noticias son una interpretación de la realidad por parte del medio que las produce, sin embargo, esta interpretación no estará concluida sino hasta que el espectador la desteja y dé lectura a partir de su propio entendimiento. Ello implica que puede haber dos o más interpretaciones sobre un mismo texto que pueden o no ser previstas por el medio que las publica.


[1] Umberto Eco, Lector in fabula. La cooperación interpretativa en el texto narrativo, editorial Lumen, España, 1993, p. 76.

[2] Roland Barthes, Variaciones sobre la escritura, editorial Paidós, Argentina, 2003, p. 146.

[3] Umberto Eco, Lector in fabula, p. 76.

[4] Gerard Genette, Umbrales, editorial Siglo XXI, Argentina, 2001, p. 19.

[5] Lourdes Romero, “La transtextualidad en el discurso periodístico. Análisis de una entrevista” en Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales, No. 213, p. 58.

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