¡Participación ciudadana para qué?

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Comúnmente cuando se habla participación ciudadana se tocan las críticas que recibe este “método” de legitimar –positivamente o no- un proyecto con impacto público. Es, sobre todo, desde el ámbito de la planeación que se ha generado un sinnúmero de textos y referencias que ayudan a teorizar y a metodizar la participación ciudadana para incluirla en la planificación urbana.

Hay dos puntos de vista básicos sobre esto. El primero defiende la necesidad irrefutable de la participación en la generación de estos proyectos en donde la participación ciudadana tiende a idealizarse como si se tratase de un ente homogéneo que está presto a negociar y entrar en la dinámica del sistema institucional y a canalizarse desde ahí.

El segundo punto de vista está relacionado con los que critican la “vecinocracia” o el Not in my backyard que explica las limitaciones de la participación cuando implica negociar la satisfacción individual ante el bienestar colectivo el cual, cabe aclarar puede ser entendido como el bienestar de un grupo más o menos reducido, incluso cuando esta satisfacción esté por encima de la mayoría. Por ejemplo, la oposición vecinal a la colocación de una estación de transporte colectivo.

De esta forma tenemos por un lado la tendencia a idealizar la participación ciudadana como método de legitimación mercadotécnica y por otro el que elimina de antemano la posibilidad de la participación porque no es posible llegar a acuerdos que hagan a la ciudadanía un elemento dentro de la planificación.

La participación olvidada

A pesar de las visiones opuestas de estos ninguno toma en cuenta los canales informales de la participación, de donde surge, en el caso de las ciudades latinoamericanas, gran parte de la formación social de la vida urbana. Estas formas de socialización son resultado de negociaciones en conflictos que pudieron o no ser llevados a los canales institucionales.

Cabe aclarar aquí que, sobre la participación “informal”, no se habla pues, de la “mejor forma” o métodos adoptables para la participación, pero quizá para tomar en cuenta estas otras formas de ejercer poder colectivo por otros canales que no surgen desde la institución.

Finalmente, como fórmula de debate, creemos que la participación ciudadana tendría que ver entonces con otras formas de integración en la apropiación del espacio que pueden o no ser institucionales.

Los canales de esta apropiación sólo estarán abiertas y serán funcionales en tanto el acceso a la información esté presente y que está información sea clara y accesible para la ciudadanía. Mientras la transparencia esté más desarrollada en el discurso que en la instrumentación, las limitaciones de la participación serán más grandes e incluso, el trabajo de los tomadores de decisión –en tanto sus intenciones sean las de verdaderamente incluir a los ciudadanos- puede verse estropeada.

@LaManchaGris_ 

Publicado originalmente en Proyector.

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